Enseñar de otra manera.

Una lección que no olvidarás (la curva de indiferencia de un viernes noche).

Cualquier tema por aburrido o complejo que pueda parecer, si se explica de una manera atractiva, puede ser interesante y recordado durante mucho más tiempo.  Hoy te traemos un ejemplo que te gustará.

El otro día, cuando escribía el post sobre el valor del uso de relatos en las presentaciones, me acordé de una clase en la universidad que me marcó de un modo especial. No por el tema en sí mismo, sino por cómo el profesor fue capaz de atraer mi atención y asegurar mi recuerdo durante mucho tiempo.

Por supuesto, no me di cuenta en su momento pero fue un tiempo después cuando entendí que no hay nada aburrido, sino una forma equivocada de contarlo.

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Era uno de los primeros días de universidad (no te diré cuántos, pero hace… algunos años). Entre el tedio de las clases y la algarabía de los nuevos compañeros, entró en clase el profesor de “Microeconomía 1” y se dispuso a introducirnos en la explicación del concepto y la construcción de las “Curvas de Indiferencia”. La cosa no pintaba nada bien.

El tipo se plantó frente a nosotros y comenzó la clase:

“las curvas de indiferencia o de “preferencia” se definen como los conjuntos de puntos en el espacio de combinaciones de bienes para los que la satisfacción del consumidor es idéntica. Es decir, que para todos los puntos pertenecientes a una misma curva, el consumidor no tiene preferencia por la combinación representada por uno sobre la combinación representada por otro.”

Las “ZZZ” empezaban a surgir de mi cabeza. ¿Puntos en el espacio? ¿Combinaciones de bienes? … De repente, toda la cuestión dio un giro inesperado.

“Hoy es viernes. Imaginaos que nos hemos preparado para salir y en nuestro plan de acción tenemos programado el consumo de seis cubatas. Tres de Whisky y tres de Ron. Nuestra preferencia se encuentra este punto.”

Y realizó un burdo dibujo sobre la pizarra tal que así (Los puntos en el espacio empezaban a fluir).

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Puede que el ejemplo no superase el buenísmo o la frontera de lo políticamente correcto de hoy en día. Sin embargo, logró captar la atención inmediata de un conjunto de 150 estudiantes que, de repente, habían empezado a oír a un profesor hablando en su propio idioma.

“Llegamos al primer local y cumplimos con el plan. El segundo, el tercero. Todo perfecto. Pero cuando llegamos al cuarto… Oh, cruel destino… No hay Ron. Entonces ¿qué hacemos? Debemos reordenar nuestra lista de preferencias.”

Y continuó pintando puntos en el espacio de la pizarra.

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“La noche, se nos irá complicando. Por motivos obvios y porque la noche… es así. Y tendremos que seguir tomado decisiones respecto a nuestro plan. Ordenando todas las posibles combinaciones que nos dejan en la misma situación de satisfacción o borrachera… Ésta sería nuestra curva de indiferencia para un viernes noche. Seguramente nuestras preferencias al día siguiente fueran diferentes… Pero eso queda para otra lección.”

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Como he dicho, han pasado algunos años desde entonces y, para mi desgracia, he olvidado casi todo lo que me enseñaron en esas aulas. He olvidado casi todo, pero nunca olvidaré aquella lección sobre cómo se construye una “Curva de indiferencia”.

Si quieres saber más sobre cómo utilizar relatos en tus discursos no dejes de visitar el post “Lo que todo comunicador competente debería saber acerca de los relatos.

Que tengas un buen viaje y disfruta del café.

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